Encontro de Civilizações – Dimitrie Cantemir (1673-1723)

ISTANBUL. DIMITRIE CANTEMIR
“The Book of the Science of Music” and the Sephardic and Armenian musical traditions

HESPÈRION XXI – Yair Dalal oud, Driss El Maloumi oud, Pierre Hamon ney & flûte, Dimitri Psonis santur
Pedro Estevan percussion, Jordi Savall rebab, vielle et lire d’archet
MUSICIENS INVITÉES
Kudsi Erguner ney, Derya Türkan Istanbul kemençe, Yurdal Tokcan oud, Fahrettin Yarkın percussion, Murat Salim Tokaç tanbur, Hakan Güngör kanun, Gaguik Mouradian kemancha, Georgi Minassyan duduk, Haïg Sarikouyomdjian duduk et ney « Beloul », Haroun Taboul tanbur à archet
Direction: JORDI SAVALL
1. Taksim (Kanun, Vièle, Oud, Kemence et Tanbur) Improvisation
2. Der makām-ı ‘Uzzâl uşūleş Devr-i kebīr – Mss. Dimitri Cantemir (118) Anonym (ancien)
3. Los Paxaricos (Isaac Levy I.59) – Maciço de Rosas (I.Levy III.41) Sépharade (Turquie)
4. Taksim (Kanun) Improvisation
5. Der makām-ı Muhayyer uşūleş Muhammes (Mss. D.Cantemir 285) Kantemiroğlu
6. Chant et Danse (2 Duduk et percussion) Tradition Arménienne
7. Taksim (Oud) Improvisation
8. Der makām-ı Hüseynī Semâ’î (Mss. D.Cantemir 268) Baba Mest
9. El amor yo no savia (I.Levy II.80) Sépharade (Esmirna)
10. Taksim (Lira) Improvisation
11. Der makām-ı Şūri Semâ’î (Mss. D.Cantemir 256) Anonyme (ancien)
12. Lamento: Ene Sarére (2 Duduk) Barde Ashot (Arménien)
13. Madre de la gracia (I. Levy III.29) Sépharade (Turquie)
14. Taksim (Kanun, Tanbur, Santur et Oud) Improvisation
15. Der makām-ı [Hüseynī] uşūleş Çenber (Mss. D.Cantemir 96) Edirne’li Ahmed
16. Taksim & Makam «Esmkhetiet-Yis kou ghimeten-Tchim guichi» Barde Sayat Nova (Arménien)
17. Taksim (Kanun, Tanbur et Oud) Improvisation
18. Der makām-ı ‘Uzzâl uşūleş Berevsan (Mss. D.Cantemir 148) ‘Alí H^äce (Ali Hoca)
19. Venturoso Mançevo (I. Levy II.58) Sépharade (Esmirna)
20. Taksim (Kemence, Kanun, Oud et Tanbur) Improvisation
21. Der makām-ı Hüseynī Sakīl-i Ağa Rıżā (Mss. D. Cantemir 89) Anonyme (ancien
)

“El libro de la ciencia de la música” y las tradiciones musicales sefardíes y armenias
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En la encrucijada de dos continentes, el europeo y el asiático, ESTAMBUL para los otomanos, CONSTANTINOPLA para los bizantinos, es ya en la época de Dimitrie Cantemir (1673-1723) un verdadero hito de la historia; a pesar del recuerdo y la presencia muy evidente de la antigua Bizancio, se había convertido en el auténtico corazón del mundo religioso y cultural musulmán. Extraordinaria mezcla de pueblos y religiones, no deja de atraer a viajeros y artistas europeos; Cantemir desembarcó en la ciudad en 1693, a la edad de 20 años, primero como rehén y luego como representante diplomático de su padre, que gobernaba Moldavia. Se convirtió en un famoso intérprete de tanbur, una especie de laúd de mástil largo, y fue también un compositor muy apreciado por su obra Kitâb-ül ilm-il mûsikî (El libro de la ciencia de la música), que dedicó a sultán Ahmed III (1703-1730).
Tal es el contexto histórico ante el que adquiere forma nuestro proyecto «El libro de la ciencia de la música de Dimitrie Cantemir y las tradiciones musicales sefardíes y armenias». Queremos presentar las músicas instrumentales “cultas” de la corte otomana del siglo XVII procedentes de la obra de Cantemir, en diálogo y alternancia con las músicas “tradicionales” del pueblo, representadas aquí por las tradiciones orales de los músicos armenios y de las comunidades sefardíes acogidas, tras su expulsión del reino de España, en ciudades del Imperio otomano como Estambul o Esmirna.En Europa occidental, la imagen cultural otomana nos ha llegado muy deformada por la larga lucha de ese Imperio por avanzar hacia Occidente, lo cual nos ha hecho olvidar la riqueza cultural y, sobre todo, el ambiente de tolerancia y diversidad que existía en el Imperio en esa época. Nos lo señala Stefan Lemny en su interesante ensayo Les Cantemir al recordar «que, en realidad, Mehmed II perdonó la vida de los habitantes cristianos tras la toma de Constantinopla; y, no sólo eso, ya que algunos años más tarde, alentó el regreso de las antiguas familias aristocráticas griegas en el barrio llamado Fanar o Fener, vestigio de la época bizantina». Más tarde, bajo el reino de Solimán –época dorada del Imperio—, los contactos con Europa se intensificaron, al tiempo que se desarrollaron las relaciones diplomáticas y comerciales. Como recuerda Amnon Shiloah en su excelente obra La musique dans le monde de l’islam: «Aunque Venecia poseía una misión diplomática en Estambul, durante el siglo XVI, el Imperio se volvió hacia Francia. El tratado concluido en 1536 entre Solimán y el “rey de los cristianos”, Francisco I, fue el factor decisivo de acercamiento que favoreció los encuentros. En esa ocasión, Francisco I envió a Solimán una orquesta en señal de amistad. El concierto dado por ese conjunto parece haber inspirado la creación de dos nuevos ritmos (compases), introducidos desde entonces en la música turca: el frenkcin (12/4) y el frengi (14/4)».A partir de 1601, el Patriarcado de la Iglesia ortodoxa, punto de encuentro de la aristocracia griega venida de todos los rincones del Imperio, de las islas del mar Egeo, el Peloponeso, las regiones europeas o Asia Menor, se instala definitivamente en el barrio denominado Fanar, donde se habían instalado ya las antiguas familias aristocráticas griegas tras la caída de Constantinopla. Así, mediante la existencia de ese núcleo de población, la antigua capital bizantina siguió representando el corazón de la ortodoxia de todo el Imperio. Por esta razón, la Academia (o Gran escuela) del Patriarcado ejerció una auténtica hegemonía cultural. Basándose en la lectura de Cantemir, Voltaire evoca las disciplinas que allí podían estudiarse: el griego antiguo y moderno, la filosofía de Aristóteles, la teología y la medicina: «Admito –escribe– que Demetrius Cantemir ha recogido muchas fábulas antiguas; pero no puede haberse equivocado respecto a los monumentos modernos que vio con sus propios ojos ni respecto a la academia en la que se educó».

 

El libro de la ciencia de la música de Dimitrie Cantemir, que nos ha servido de base como fuente histórica para nuestra grabación, es un documento excepcional en muchos aspectos; ante todo, como fuente fundamental de conocimiento de la teoría, el estilo y las formas musicales del siglo XVII, pero también como uno de los testimonios más interesantes sobre la vida musical de uno de los países orientales más importantes. Esa antología de 355 composiciones (de las cuales 9 pertenecen al propio Cantemir), escritas en un sistema de notación musical inventado por su autor, representa la más importante colección de música instrumental otomana de los siglos XVI y XVII que ha llegado hasta nuestros días. Empecé a descubrir ese repertorio en 1999 durante la preparación del proyecto sobre Isabel I de Castilla, cuando nuestro colaborador y amigo Dimitri Psonis, especialista en músicas orientales, nos propuso una antigua marcha guerrera de esa colección como ilustración musical de la fecha de la conquista de Constantinopla por parte de las tropas otomanas de Mehmed II.
Un año más tarde, durante nuestra primera visita a Estambul con ocasión de un concierto con Montserrat Figueras y Hespèrion XX y de un encuentro en el Centro Cultural Yapı Kredi, tuvimos la suerte de recibir como regalo de nuestros amigos estambulíes Aksel Tibet, Mine Haydaroglu y Emrah Efe Çakmak la primera edición moderna de las composiciones contenidas en El libro de la ciencia de la música de Dimitrie Cantemir. Enseguida quedé fascinado por las piezas de esa antología y la historia de ese hombre, y me dediqué a estudiarlos con el fin de conocer mejor esta cultura a la vez tan cercana a nosotros, pero que nos parece muy lejana por puro desconocimiento. Me propuse investigar el contexto histórico y estético que permitiría la realización de un proyecto interesante. Seis años más tarde, durante la preparación del proyecto ORIENT-OCCIDENT, pude seleccionar cuatro magníficos makams que dieron a dicho proyecto una dimensión nueva por ser la única música oriental que no provenía de una tradición oral, sino de una fuente escrita de la época. Y, por último, en el 2008 y como continuación natural de ese primer proyecto de diálogo entre Oriente y Occidente, hemos podido reunir un magnífico grupo de músicos de Turquía (oud, ney, kanun, tanbur, lyra y percusiones) y, junto con músicos de Armenia (duduk, kemancha y ney «Belul»), Israel (oud), Marruecos (oud) y Grecia (santur y morisca) y con los principales solistas especialistas habituales de Hespèrion XXI, hemos preparado y realizado esta grabación. Aprovecho para expresar a todos ellos mi sincera gratitud, muy consciente de que sin su talento y sus conocimientos este proyecto no habría podido realizarse.
De entrada, el trabajo más delicado fue hacer la selección de una decena de piezas, entre un conjunto 355 composiciones, eligiendo las más representativas y las más variadas de entre los makams más hermosos, sabedores de que la elección se hacía desde nuestra sensibilidad occidental. Después de esa decisión tan difícil, hubo que completar las partes elegidas para la parte otomana con la realización de los correspondientes taskims, auténticos preludios interpretados de forma improvisada antes de cada makam. Paralelamente, abordamos la selección de las piezas sefardíes y armenias. Para el repertorio sefardí elegimos músicas procedentes del repertorio ladino conservado en las comunidades de Esmirna, Estambul y otras regiones del antiguo Imperio otomano; y, para el armenio, las piezas más hermosas de entre las diferentes opciones que nos proporcionaron los músicos armenios Georgi Minassyan (duduk) y Gaguik Mouradian (kemancha).
Seguramente, todas esas composiciones son hoy interpretadas de modos muy diferentes a las que corresponden a la época de Cantemir, así que para conocer otras posibilidades de interpretación hubo que recurrir a relatos diversos, realizados a menudo por viajeros europeos, que nos hablan de los particularismos de la música otomana en esas épocas antiguas y nos aportan una serie de consideraciones interesantes sobre la ejecución, la práctica, los instrumentos, las orquestas de corte o militares y las ceremonias de las cofradías místicas. Como, por ejemplo, las observaciones de Pierre Belon en 1553, quien nos habla de la extraordinaria habilidad de los turcos para fabricar con intestinos cuerdas para [instrumentos de cuerdas] arcos y laúdes, «que son más comunes aquí que en Europa»; Belon añade que «numerosos pueblos saben tocar uno o varios tipos [de instrumentos], cosa que no ocurre en Francia o Italia». También menciona la existencia de una gran variedad de flautas y nos habla de las maravillosa dulzura de la sonoridad del miskal (flauta de Pan). Por su parte, el viajero italiano Pietro Della Valle describe en 1614 que la dulzura de ese instrumento «no alcanza la de la flauta larga (ney) de los derviches». Hacia 1700 el propio Cantemir nos explica: «Quizá se encuentre extraño en Europa lo que cuento aquí –reconoce en su Historia del Imperio otomano– sobre el gusto por la música en una nación con reputación de bárbara entre los cristianos». Cantemir admite que la barbarie pudo reinar en la época de la cruzada del Imperio; pero, con el final de las grandes conquistas militares, las artes «frutos comunes de la paz, han acabado por encontrar su lugar en esos espíritus». Y concluye con estas líneas, que debieron de interpelar a sus lectores europeos: «Me atrevo incluso a avanzar que la música de los turcos es mucho más perfecta que la de Europa en lo que respecta al compás y la proporción de las palabras, pero también que es tan difícil de comprender que apenas encontraremos tres o cuatro personas que conozcan a fondo los principios y delicadezas de ese arte» (Historia, II, p. 178).
Deseamos subrayar esta observación sobre la complejidad de una música que «es mucho más perfecta que la de Europa en lo que respecta al compás», porque la hemos experimentado realmente; en los nuevemakams seleccionados, encontramos los siguientes compases (o ritmos): 14/4, 16/4, 10/8, 6/4, 12/4, 48/4 y 2/. De esos siete compases únicamente los ritmos de 6/4 y 2/4 son habituales en el mundo occidental. El compás determina el ritmo y el tempo, pero el tempo se establece sobre bases más subjetivas o incluso vinculadas a las circunstancias, al contexto social y también a unas situaciones siempre dependientes de la evolución de las costumbres. Al igual que en el mundo occidental, donde la mayoría de danzas originalmente muy vivas desarrolladas a partir de tradiciones populares (como la folia, la chacona, la zarabanda o el minueto) se volvieron bastante moderadas o incluso lentas tras varios años de influencia de la pompa y el carácter ceremonioso de la corte, parecería evidente que un fenómeno parecido se hubiera producido también en la música de la corte otomana. En efecto, las danzas y músicas instrumentales creadas por los músicos de la corte, inspirados en músicas populares, experimentan progresivamente y, de modo especial, durante el siglo XX un notable enlentecimiento motivado por las influencias formales de la propia corte y también por la idea religiosa de que toda música de cierta nobleza debe ser controlada y moderada. Creemos que en la época de Cantemir esa evolución todavía no había comenzado; la síntesis de una música clásica y popular es muy evidente en las composiciones de ese período; en especial, en las obras reunidas en la antología de Cantemir o en las composiciones de Eyyûbi Bdekir Agha (fallecido en 1730). Fué durante 1718 y 1730 –años muy florecientes para todas las artes–, la época conocida como “Lâle Devri” o de los Tulipanes Negros –cuyo nombre proviene de los jardines de tulipanes cultivados a orillas del Bósforo-, cuando los músicos de la corte descubrieron en los jardines imperiales el arte de los bardos populares (âsik). Por ello, nuestra elección interpretativa de los tempi es mucho más animada que la que suele escucharse en las interpretaciones actuales de esas músicas del repertorio otomano.
Otra diferencia importante es la instrumentación. Al contrario de los conjuntos contemporáneos que interpretan casi siempre las piezas con todos los instrumentos, hemos procedido a una variada dosificación de la instrumentación, de tal manera que podemos utilizar todos los instrumentos en las secciones equivalentes a nuestro “rondó” o ritornelo, mientras que en las otras secciones del makam los diferentes instrumentos alternan sus intervenciones o están presentes según el carácter de la sección o en función del desarrollo de la pieza. Subrayemos, por último, que, aunque la primera notación utilizada por los músicos turcos fue una notación cercana a la alfabética, la inventada por Dimitrie Cantemir es de gran ingenio y precisión; permite diferenciar con claridad las diversas formas de afinar los bemoles o los sostenidos en función de los modos utilizados.
No se trata sólo de mostrar que el imaginario diálogo musical entablado con ocasión de la presente grabación es posible, sino sobre todo de recordar que corresponde a una auténtica realidad histórica. Al margen de la gran diversidad y riqueza cultural de ese Estambul del tiempo de Cantemir, no hay que olvidar la presencia en la corte imperial de músicos griegos, armenios y judíos confirmada en diferentes fuentes. El conde de Saint-Priest, embajador francés en Estambul, observa los prejuicios de los otomanos ante las artes en general, lo cual los condujó a ceder la profesión de músico a los no musulmanes. En efecto, «la mayor parte de los servidores músicos del gran señor, considerados como los Orfeos del Imperio turco [como será el caso del propio Cantemir], son de origen griego, judío o armenio». Más tarde, hacia los años finales del siglo XVIII y los primeros del siglo XIX, algunos de los nombres más ilustres son el armenio Nikiğos y el intérprete judío de tanbur Tamburî Ishaq (fallecido hacia 1815).
En ese contexto de excelencia musical, Dimitrie es particularmente reputado por su virtuosismo con eltanbur. El cronista Ion Neculce expresa una admiración superlativa: «Ningún constantinopolitano podía tocar mejor que él». Ese instrumento, afirma, «es el más completo y perfecto de todos los conocidos o que hemos visto» y el que «reproduce con precisión y sin fallos el canto y la voz que surge del aliento humano». Esta opinión puede parecer exagerada si no tenemos en cuenta que en esa época el instrumento se tocaba pulsándolo como un laúd y también con un arco y sostenido como una viola da gamba; y, coincidencia significativa, precisamente la viola da gamba era considerada en la misma época en Francia como el instrumento que mejor podia imitar todos los matices propios de la voz humana.
JORDI SAVALL
Edimburgo, agosto del 2009
Traducción: Juan Gabriel López Guix
P. S. Deseo agradecer a Amnon Shiloah, Stefan Lemny, Ursula y Kurt Reinhard sus trabajos de investigación y análisis sobre la historia y la música de la época, que me han servido para documentar ciertas fuentes de mi comentario. Via.

Música Sacra – Tallis, Byrd e os Tudors

Num magnífico documentário produzido pela BBC-Four, o actor Simon Russell Beale percorre o florescimento da música sacra ocidental, através da música de Thomas Tallis e William Byrd, dois compositores no centro do próprio Renascimento musical de Inglaterra, através das interpretações do Ensemble The Sixteen, dirigido por Harry Christophers.
Estamos de volta à dinastia dos Tudor (entre 1485 e 1603), período de grandes convulsões em torno da fé, posta em causa sempre que um novo monarca chega ao trono, culminando com o fim do Catolicismo Romano no reinado de Elizabeth I.


 

Em memória de Jorge Ferreira (28-08-1961 – 21-11-2009)

Profundamente consternado pelo seu desaparecimento.

Exposição: 500 Anos de História de um Arquipélago

De 21 de Novembro de 2009 a 28 de Fevereiro de 2010, Lisboa recebe na Galeria de Pintura do Rei D. Luís I, no Palácio Nacional da Ajuda, uma exposição de “Obras de referência dos Museus da Madeira”, como reflexos dos principais ciclos da sua história, entre o século XV e os inícios do século XX.
A exposição reúne um conjunto de peças sintomáticas das colecções de escultura, pintura, ourivesaria, mobiliário, cerâmica, fotografia, entre outras, exemplificando os contactos com alguns dos mais importantes centros artísticos europeus, reflectindo a importância estratégica do arquipélago no contexto da expansão portuguesa, e depois europeia, ligada aos seus ciclos do Açúcar, Vinho e Turismo, como elementos fundadores do seu desenvolvimento.
No Arquipélago da Madeira experimentou-se pela primeira vez Portugal no Atlântico

500 Anos de História de um Arquipélago – Obras de Referência dos Museus da Madeira

Naveta - Ourivesaria Portuguesa, Primeira metade do século XVII - Prata relevada e incisa, 15,8x23 - Museu Quinta das Cruzes

Esta naveta do Museu Quinta das Cruzes deve ter pertencido a uma igreja madeirense, até pela proximidade tipológica com muitas outras existentes na diocese do Funchal.
É uma peça de inspiração profana, reproduzindo uma nau portuguesa, num país empenhado na expansão marítima. Transportava o incenso, retirado do seu interior por uma colher, que era depois colocado nos turíbulos. Sobretudo na costa sul da Ilha da Madeira encontramos um conjunto muito alargado de navetas do último quartel do século XVI e primeira metade do século XVII. Refira-se especialmente a naveta da Matriz de Câmara de Lobos datada de 1589, hoje no Museu de Arte Sacra do Funchal.
Curiosa é a representação de uma nau portuguesa, no nó de uma cruz processional, atribuível ao final do século XVI, da Matriz de Santa Cruz, Ilha da Madeira1.
A maioria das navetas conhecidas apresentam uma grande homogeneidade formal e decorativa revelando uma proximidade oficinal. Refira-se por exemplo o ourives Marcos Agostinho2, activo até 1651, autor de parte do conjunto de ourivesaria da Igreja matriz da Ribeira Brava3.
Trata-se de uma naveta de prata relevada e incisa de base circular alteada e haste tronco-cónica moldurada, decorada com motivos fitomórficos. O receptáculo apresenta a forma de uma nau com a indicação de quilha e leme bem definidos. O bojo é emoldurado e preenchido por simulação de tabuado e pregaria. No registo superior, correspondente aos castelos da popa e da proa, apresenta-se uma arcatura vazada, rematada em volutas. Na plataforma central, simula-se a escotilha. Uma das secções da cobertura funciona como tampa, com um sistema de dobradiças. Uma corrente une a proa à colher da mesma época. Várias peças semelhantes podem ser encontradas em outros museus do continente português e mesmo nas antigas colónias4.
Foi doada ao Museu Quinta das Cruzes por João Wetzler em 1966. FCS

The Velvet Revolution

In the space of just a few weeks in November 1989, the Communist system in Czechoslovakia was brought to its knees. Massive protests on the streets of Prague – often several hundred thousand strong – forced the resignation of the hard-line Communist Party leadership in what became known as “the velvet revolution.”
One of the names the demonstrators shouted was that of Alexander Dubcek. He was the leader of the famous “Prague Spring” in 1968 when attempts at reform were crushed by Soviet tanks. He made a triumphant return to Prague after years in political oblivion.

On November 17, 1989, a Friday, riot police suppressed a peaceful student demonstration in Prague. That event sparked a series of popular demonstrations from November 19 to late December. By November 20 the number of peaceful protesters assembled in Prague had swollen from 200,000 the previous day to an estimated half-million.
The real man of the hour, though, was Vaclav Havel, the playwright who was one of the leaders of the dissident Charter 77 movement. An outspoken critic of the Communists, he had spent time in prison for his beliefs. After the collapse of the Communists, he was unanimously elected President of Czechoslovakia.
Unlike some of its East European neighbours, Czechoslovakia was relatively successful economically following the fall of Communism. The most dramatic change has been in the transformation from a centralised state-controlled economy to a capitalist system. Almost 80% of industry and commerce is now in private hands.
1989 was a momentous year for eastern Europe. It was the year the Berlin Wall finally came down as pressure for reform grew in East Germany. And in Romania, the Ceascescu dictatorship, which had tried to resist the winds of change blowing elsewhere, was overthrown in a bloody uprising. Via.

Prague, Spring 2006

Jan Garbarek & The Hilliard Ensemble

Our collaboration was five years old when we returned to the monastery of St Gerold. We wanted to do two things: record versions of some of the new music that we had added to our repertoire since Officium, and renew our encounter with the unknown, experimenting with music we hadn’t come across before.
Officium was based broadly on early music principles; we have now performed together hundreds of times and the repertoire, and what we do with it, has evolved a long way from those first explorations. So Mnemosyne really contains two sorts of music. The most straightforward are those pieces where we sing existing music (conventionally notated) and the saxophone improvises around us. We may reorder the music a bit but we know more or less what we’re going to do (we never know what the saxophone is going to do … ). This was how much of Officium worked.
A lot of the newer repertoire on Mnemosyne consists of very small amounts of material with minimal notation. These are rarely complete pieces and often just a few scraps, recovered from old book bindings or buried for centuries under desert sands. We may decide on an outline form and share out the material, then we all improvise and none of us knows what will happen next. It was another magical experience for us, five musicians plus the mercurial creative impulse of Manfred Eicher, and the timeless hospitality of Pater Nathanael at St Gerold. We did it for each other, in the absence of an audience, and these are complete, one-off performances, which will never sound the same again. John Potter

The Hilliard Ensemble
David James, countertenor
Rogers Covey-Crump, tenor
John Potter, tenor
Gordon Jones, baritone
Jan Garbarek, soprano & tenor saxophones

Mnemosyne

A sign we are, inexplicable
Without pain we are and have nearly
Lost our language in foreign lands.
For when the heavens quarrel
Over humans and moons proceed
In force, the sea
Speaks out and rivers must find
Their way. But there is One,
Whitout doubt, who
Can change this any date. He needs
No law. The rustle of leaf and then the sway of oaks
Besides glaciers. Not everything
Is in the power of the gods. Mortals would sooner
Reach toward the abyss. With them
The echo turns. Though the time
Be long, truth
Will come to pass.

“Officium”“Parce Mihi Domine” (Cristóbal de Morales, 1550-1553, Spain). Recorded at Propistei St. Gerold, Austria (Sept. 1993). “Parce mihi Domine” is from the vulgate translation of the Book of Job. The whole text is beautiful and Morales has created a truly transcendent piece here, very much ahead of his time:
“Spare me, Lord, for my days are as nothing.
What is Man, that you should make so much of us?
Or why should you set your heart upon us?
You visit us at dawn,
and put us to the test at any moment.
Will you not spare me and let me be,
while I swallow my saliva?
If I have sinned, how have I hurt you,
O guardian of mankind?
Why have you set me up as your target,
so that I am now a burden to myself?
Why do you not forgive my sin
and why do you not take away my guilt?
Behold, I shall now lie down in the dust:
if you come looking for me I shall have ceased to exist.”

Templos do Sol – Chãs, Foz Côa (2009)

LCROSS Impact Data Indicates Water on Moon

The argument that the moon is a dry, desolate place no longer holds water. Secrets the moon has been holding, for perhaps billions of years, are now being revealed to the delight of scientists and space enthusiasts alike. NASA today opened a new chapter in our understanding of the moon. Preliminary data from the Lunar CRater Observation and Sensing Satellite, or LCROSS, indicates that the mission successfully uncovered water during the Oct. 9, 2009 impacts into the permanently shadowed region of Cabeus cater near the moon’s south pole. The impact created by the LCROSS Centaur upper stage rocket created a two-part plume of material from the bottom of the crater. The first part was a high angle plume of vapor and fine dust and the second a lower angle ejecta curtain of heavier material. This material has not seen sunlight in billions of years.

 

“We’re unlocking the mysteries of our nearest neighbor and by extension the solar system. It turns out the moon harbors many secrets, and LCROSS has added a new layer to our understanding,” said Michael Wargo, chief lunar scientist at NASA Headquarters in Washington.

Scientists have long speculated about the source of vast quantities of hydrogen that have been observed at the lunar poles. The LCROSS findings are shedding new light on the question of water, which could be more widespread and in greater quantity than previously suspected.

Permanently shadowed regions could hold a key to the history and evolution of the solar system, much as an ice core sample taken on Earth reveals ancient data. In addition, water, and other compounds represent potential resources that could sustain future lunar exploration.

Since the impacts, the LCROSS science team has been working almost nonstop analyzing the huge amount of data the spacecraft collected. The team concentrated on data from the satellite’s spectrometers, which provide the most definitive information about the presence of water. A spectrometer examines light emitted or absorbed by materials that helps identify their composition.

“We are ecstatic,” said Anthony Colaprete, LCROSS project scientist and principal investigator at NASA’s Ames Research Center in Moffett Field, Calif. “Multiple lines of evidence show water was present in both the high angle vapor plume and the ejecta curtain created by the LCROSS Centaur impact. The concentration and distribution of water and other substances requires further analysis, but it is safe to say Cabeus holds water.”

The team took the known near infrared spectral signatures of water and other materials and compared them to the spectra collected by the LCROSS near infrared spectrometer of the impact.

“We were only able to match the spectra from LCROSS data when we inserted the spectra for water,” said Colaprete. “No other reasonable combination of other compounds that we tried matched the observations. The possibility of contamination from the Centaur also was ruled out.”

Additional confirmation came from an emission in the ultraviolet spectrum that was attributed to hydroxyl, one product from the break-up of water by sunlight. When atoms and molecules are excited, they release energy at specific wavelengths that are detected by the spectrometers. A similar process is used in neon signs. When electrified, a specific gas will produce a distinct color. The ultraviolet visible spectrometer detected hydroxyl signatures just after impact that are consistent with a water vapor cloud in sunlight.

Data from the other LCROSS instruments are being analyzed for additional clues about the state and distribution of the material at the impact site. The LCROSS science team along with colleagues are poring over the data to understand the entire impact event, from flash to crater, with the final goal being the understanding of the distribution of materials, and in particular volatiles, within the soil at the impact site.

“The full understanding of the LCROSS data may take some time. The data is that rich,” said Colaprete. “Along with the water in Cabeus, there are hints of other intriguing substances. The permanently shadowed regions of the moon are truly cold traps, collecting and preserving material over billions of years.”

LCROSS was launched June 18, 2009 as a companion mission to the Lunar Reconnaissance Orbiter, or LRO, from NASA’s Kennedy Space Center in Florida. After separating from LRO, the LCROSS spacecraft held onto the spent Centaur upper stage rocket of the launch vehicle, executed a lunar swingby and entered into a series of long looping orbits around the Earth.

After traveling approximately 113 days and nearly 5.6 million miles (9 million km), the Centaur and LCROSS separated on final approach to the moon. Traveling as fast as a speeding bullet, the Centaur impacted the lunar surface shortly after 4:31 a.m. PDT Oct. 9 with LCROSS watching with its onboard instruments. Approximately four minutes of data was collected before the LCROSS itself impacted the lunar surface.

Working closely with scientists from LRO and other observatories that viewed the impact, the LCROSS team is working to understand the full scope of the LCROSS data. LRO continues to make passes over the impact site to give the LCROSS team additional insight into the mechanics of the impact and its resulting craters.

What other secrets will the moon reveal? The analysis continues!
Jonas Dino
NASA Ames Research Center

Gustav Leonhardt toca Buxtehude

Partilhado com amigos especiais…

Patrick Cowley

Patrick Joseph Cowley (19-10-1950 / 12-11-1982), compositor de música disco e Hi-NRG (High Energy) cujo estilo é frequentemente comparado ao de Giorgio Moroder e a quem é atribuído o pioneirismo na música de dança electrónica, conheceu Sylvester nos finais da década de 70, com quem se juntou em estúdio para gravar You Wanna Funk.  Muito popular na cena gay no início da década de 80 foi o seu hit Menergy. A minha faixa preferida será sempre Megatron, cujo vinil ainda hoje me arrependo de ter oferecido! 😦

Patrick Cowley – Menergy, 1981

Sylvester & Patrick Cowley – Do You Wanna Funk

Patrick Cowley – Megatron Man, 1981

Patrick Cowley – I Wanna Take You Home, 1981

I Feel Love (Donna Summer) – Remix de Patrick Cowley, 1982