Archive for the ‘ Pintura ’ Category
De Jean-Baptiste-Camille Corot [16 Julho 1796 – 22 Fevereiro 1875], Le Parc des Lions à Port-Marly de 1872, que pertence ao Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.
350 anos após a morte do genial pintor holandês, a obra Aristotle with a Bust of Homer de 1653 (Metropolitan Museum of Art, New York) evoca a meditação de Rembrandt [15 Julho 1606 – 4 Outubro 1669] sobre o significado da fama.
O filósofo grego Aristóteles (384-322 aC), ricamente vestido, repousa a mão num busto de Homero, o poeta que alcançou a imortalidade literária com as obras Ilíada e Odisseia. Aristóteles usa um medalhão de ouro com um retrato do seu discípulo Alexandre, o Grande. Porventura, o filósofo avalia o seu próprio efémero sucesso em contraponto ao de Homero…
In 1902, Gustav Klimt [July 14 1862 – February 6 1918] painted the Beethoven Frieze for the 14th Vienna Secessionist exhibition, which was intended to be a celebration of Ludwig van Beethoven the composer and featured a monumental polychrome sculpture by Max Klinger. Meant for the exhibition only, the frieze was painted directly on the walls with light materials. After the exhibition the painting was preserved, although it did not go on display again until 1986. The Beethoven Frieze is now on permanent display in the Vienna Secession hall (Austria). Via.
De Eugène Boudin [12 Julho 1824 – 8 Agosto 1898], precursor do Impressionismo, Figuras na Praia de Trouville, 1869.
«El señor Boudin […] incluso ha inventado un género de marinas típicamente suyo y que consiste en pintar, además de la playa, toda una serie de personajes exóticos de la alta sociedad que acuden en verano a nuestras ciudades termales». Esta frase, que un crítico de arte escribió en 1869, pone de manifiesto que a Boudin se le reconoce como el creador de un determinado género y que alcanza cierto éxito plasmando en sus lienzos a la sociedad de alto copete de las playas de Trouville y Deauville.
El artista empieza a pintar las playas de Trouville hacia 1860 e irá desarrollando el tema por etapas a lo largo de toda su carrera. Para muchos aficionados al arte, Boudin sigue siendo el pintor de las playas. Sin embargo, de los aproximadamente 4.500 cuadros suyos catalogados hasta la fecha, sólo el 8% plasma «las playas con miriñaques». La fase de trabajo más fructífera sobre este tema se sitúa entre 1860 y 1871. En aquella época pinta el ochenta por ciento de las playas sobre tabla y los formatos que utiliza más frecuentemente son el 5, el 6, el 8 o el 10 de «marina», y muy raramente grandes formatos. El cuadro de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza pertenece a esta categoría predominante: es aproximadamente un formato 8 de «marina» sobre tabla. Boudin concedía gran importancia a la calidad de este soporte. En 1894 escribe: «Creo que voy a volver a la caoba, la única madera estable además del roble viejo. Lo malo es que pesa mucho. Y además presenta otro inconveniente: ennegrece incluso a través de la imprimación si ésta no es densa y de varias capas». Boudin retoma los temas de playas a mediados de la década de 1870 y hacia 1880-1886.
En 1868, se le reconoce, pues, como pintor de playas, y esta especialidad le reporta cierto desahogo económico, aunque también suscita críticas y envidias. Se le reprocha que hace una pintura comercial. Boudin reivindica su trabajo explicando: «¿Acaso no tienen derecho estos burgueses que se pasean por el espigón durante la puesta de sol a verse plasmados en el lienzo, a que se les lleve a la luz. En confianza, a menudo esta gente que sale de sus oficinas y de sus gabinetes necesita reponerse de su duro trabajo». Los campesinos tienen sus pintores, los burgueses también se merecen tener el suyo.
En 1869, Boudin presenta al Salon de París dos cuadros de playa. Aquel mismo año, el cuarenta por ciento de las obras que vende a los marchantes y registra en su libro de cuentas, tienen por tema las playas de Trouville y Deauville. De nuevo en 1869, las cuentas de Boudin registran para el conjunto del año un claro progreso: 4.420 francos frente a una media desde 1866 comprendida entre 2.500 y 3.500 francos.
Antes de la década de 1860, Boudin solía veranear en Honfleur. A partir de 1863, cambia de emplazamiento y elige Trouville como lugar de veraneo. Se encuentra entonces a pie de obra para pintar sus playas. Cuando empieza a dedicarse a este tema, suele componer la vista de la playa con un ángulo muy abierto, utilizando los elementos del paisaje para enmarcar la escena: las residencias de la costa, el hotel de Roches Noires, las casetas, los caballos que arrastran las cabinas. Las obras, a menudo anecdóticas, constituyen un testimonio de su época. Poco a poco, el tema se transforma y la composición «clásica» de sus obras empieza a presentar una división del espacio en franjas horizontales paralelas a la orilla y al lienzo. La playa de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza es buen ejemplo de ello. El cielo ocupa dos tercios de la composición. Se ve denso y cargado de colores, iluminado por el sol poniente. La mayoría de las figuras están de espaldas al espectador (presentación bastante novedosa en pintura), dispuestas en una franja uniforme. Para evitar la monotonía, algunos veraneantes (sin rostro) nos miran y una mujer, sentada algo apartada del grupo, marca el primer término de la composición. Boudin complementa hábilmente este conjunto de personajes que se cierra sobre sí mismo con una escena anecdótica compuesta por un caballo y algunos pescadores tirando de una barca.
El pintor reparte con maestría por la superficie del lienzo toques cromáticos más vivos que se equilibran para realzar los negros y los ocres: bermellón, amarillo, azul y destellos de blanco. El cielo, compuesto con empastes de acentuada luminosidad, es en realidad el verdadero protagonista de esta obra. Los veraneantes instalados en la playa denotan cierta rigidez, pero la belleza del celaje y el fulgor argénteo de la barca que los pescadores arrastran hasta la playa confieren a esta obra una poesía y un resplandor intemporales.
Ce Jour Là il y a 186 ans naissait Félicien Rops [1833-1898], peintre, dessinateur, illustrateur, aquafortiste et graveur.
Une femme de profil, au port altier, seulement vêtue de bas noirs ornés d’une rangée verticales de fleurs roses et rouges, retenus par des jarretières bleues, de longs gants noirs, de bracelets dorés, d’une large ceinture dorée avec un gros noeud bleu, d’un collier bleu, de boucles d’oreilles bleues, d’un chapeau noir à plumes, de deux roses blanches dans les cheveux et d’un bandeau en voile blanc sur les yeux, se dirige vers la gauche, tenant en laisse un cochon. Trois angelots aux poses lascives voltigent devant elle, sur fond de ciel clair. Sous les pieds de la femme, une frise représente par des angelots l’allégorie de la sculpture, de la musique, de la poésie et de la peinture.
Giovanni Paolo Panini [Piacenza, 17 Junho 1691 – Roma, 21 Outubro 1765], foi um artista italiano especialmente reconhecido pelas suas “vedute ideate” – vistas imaginárias de Roma Clássica.
Esta obra, junto con su compañera Ruinas con una mujer predicando (¿una sibila?) fueron concebidas para verse juntas, casi como si de un único cuadro se tratara. Tanto las ruinas arquitectónicas, como las actitudes de los personajes principales, la entonación de las luces, en fin, los elementos principales de la composición, todo alude a una voluntad de crear un conjunto unitario. Incluso, los temas que representan pueden entenderse como asuntos complementarios, esto es, la sibila (o profetisa) como representación del componente gentil o pagano de la Antigüedad Clásica y San Pablo del cristiano o bíblico, en ambos casos como muestra de la grandeza de Roma. Así concebidos, podría pensarse en la voluntad de crear una narración unitaria a través de estas dos imágenes gemelas, recordando el momento en que la Sibila Tiburtina comunicó a Augusto que una Virgen daría a luz un hijo, tradición que fue retomada por el cristianismo como un anuncio del nacimiento de Cristo.
En ambos casos se trata composiciones típicas de Panini, en las que se recrea una “veduta” ideal de la ruina clásica que, a diferencia de otros artistas como Bernardo Belloto o Gaspar van Wittel, manifiesta un tratamiento más pintoresco que riguroso en donde el efecto prima frente la verosimilitud. En sus cuadros se acumulan vestigios arqueológicos de muy distintas procedencias en una imagen imposible, formando conjuntos que fueron muy apreciados por los numerosos turistas que asociaban la imagen de Roma con la de los fastos de la Antigüedad Clásica. Estas vistas, junto con las de los edificios más representativos de la Roma moderna, así como las fiestas y ceremonias más importantes de la ciudad, suponen la parte más importante de su actividad pictórica. Via.
Hoy se celebra el día de San Antonio de Padua, fraile franciscano del siglo XIII.
Esta es la única ocasión en la que el Greco representó a San Antonio de Padua (1195-1231), una de las grandes figuras de la espiritualidad franciscana. El de Padua aparece en primer término y en imagen de algo más de medio cuerpo, sosteniendo una rama de lirios o azucenas, y un libro abierto sobre cuyas páginas emerge una representación del Niño Jesús. Esta imagen, que haría alusión a la aparición milagrosa del Niño, se inscribe de forma bastante extraña en una suerte de medallón que fue incorporado más tardíamente a la pintura, como demuestra la radiografía de la obra. Hay que tener en cuenta además que la tela procede de un convento femenino, el de franciscanas de los Ángeles, en Madrid; las franciscanas siempre se han caracterizado por la devoción al Niño Jesús. El trazado piramidal, la corpulencia y sentido monumental de la figura, así como la construcción pictórica y el tipo de firma en mayúsculas son características del periodo inicial en España. Via.
From Gustave Courbet, born 200 years ago on June 10, 1819 – The Etretat Cliffs after the Storm, 1870
Etretat had attracted painters since the early nineteenth century, drawn by the clarity of the air and the quality of the light. In summer 1869, Courbet arrived in his turn in this small Norman town. He stayed in a house by the sea, tucked against the cliff on the left of the bay (Falaise d’Aval) which he painted many times over. His most accomplished version is certainly The Etretat Cliffs after the Storm.
In this pure landscape, swept clean of people and all anecdotal detail, Courbet brilliantly balances land and rock, sky and sea. He has made each natural element almost palpable. The clarity of the air and the limpid light after the rain are magnificently caught. The critic Castagnary, a friend of Courbet’s and a firm believer in realism, spoke of “the free, joyous air which circulates in the canvas and envelops the details.” We suddenly understand the admiration that the future Impressionists felt for Courbet’s light and freedom.
Courbet sent The Etretat Cliffs after the Storm and The Stormy Sea to the Salon of 1870. The two canvases, painted about the same time, set up a dialogue as if they were describing successive phases of the same phenomenon. The praise they drew at the Salon consolidated Courbet’s reputation and made him one of the leading figures in the art scene of his time. Via.
